

Por ello debemos reivindicar nuestra postura ante tal situación, que se nos escuche, que fraternalmente y sin batallas, abanderemos el cambio de postura asumido en esta negociación.
Somos conscientes, que para declarar una postura a favor o en contra de la reforma de las pensiones que ha sido redactado como el “pacto social y económico”, debemos de realizar lectura del mismo y sacar nuestras propias conclusiones, por ello te adjuntamos a este escrito el susodicho acuerdo.
Ante esta grave situación queremos transmitiros nuestra postura:
En conclusión:
Toda la filosofía y el objetivo del Acuerdo inciden en el gasto, pero no existen medidas claras y computables sobre los ingresos, haciendo fuerza en la “contributividad” y la “sostenibilidad” del sistema en lugar de en la solidaridad.
Se acepta una falsa idea de equidad –dar prestaciones según lo aportado- que prepara el terreno ideológico para los sistemas de capitalización.
Los jóvenes y mujeres que se incorporan al mercado de trabajo en situaciones precarias, con bajas cotizaciones, empleo discontinuo o tiempo parcial, van a ser los mayores perdedores con esta reforma, condenándoles a pensiones de miseria.
El retraso de la edad de jubilación de 65 a 67 años y el aumento del cálculo hasta 25 años, supone, para la mayoría de los futuros jubilados y jubiladas, una reducción de su pensión. Para el gobierno y los sectores económicos más poderosos, el objetivo del acuerdo es producir un fuerte recorte en los derechos sociales y en las expectativas de pensión actuales y futuras de millones de personas trabajadoras, para favorecer el negocio de los planes y fondos privados de pensiones.
La reforma va a generar en el medio y largo plazo una importante segmentación en la sociedad española (el divide y vencerás), en la que las pensiones garantizadas por el sistema de Seguridad Social, a las que accede la población trabajadora en general, se aproximarán cada vez más a las no contributivas o asistenciales, lo que puede incentivar la no declaración de todas las rentas percibidas. Muy pocas personas podrán acceder a los niveles máximos de pensión del sistema y por ello, se está “invitando” a que, quien tenga niveles altos de renta y capacidad de ahorro, busque sistemas alternativos, evidentemente, sistemas de capitalización en el mercado financiero. Una lógica absolutamente perversa.

Las revoluciones de Túnez y Egipto y las protestas que sacuden los países árabes son un acontecimiento de gran importancia. La izquierda anticapitalista europea debe movilizarse en solidaridad con los pueblos tunecino y egipcio y contribuir a profundizar los procesos revolucionarios en marcha. Para ello es fundamental fortalecer el sindicalismo combativo, las organizaciones anticapitalistas y los movimientos populares de estos países.
Desde Izquierda Anticapitalista hemos puesto en marcha una campaña de recogida de dinero para enviar a nuestros compañeros de la Liga Obrera Revolucionaria, una de las organizaciones anticapitalistas de Túnez e integrante del frente 14 de enero.
Las revoluciones en marcha necesitan de nuestro apoyo político, económico y militante.
Las aportaciones económicas deben hacerse a la siguiente cuenta bancaria (indicar en la transferencia: “Túnez”):
Nº de cuenta: 1491 0001 25 0010007700 (Triodos Bank)
Titular: Izquierda Anticapitalista

El pueblo egipcio ha forzado la marcha del dictador. Otros tiranos seguirán el camino de Ben Alí y de Mubarak. Son los primeros compases de la revolución… pero, ¡cuántas falsedades ha desmentido ya, cuánta doblez ha desenmascarado! Nuestros gobiernos, en Europa y Estados Unidos, nos hablaban de “choque de civilizaciones”, nos advertían de la “amenaza islámica”. En el mundo árabe - nos decían - se agitaba una masa fanatizada de barbudos, una horda medieval que a duras penas contenían algunos gobiernos “moderados”. Por eso había que cerrar las fronteras a la emigración de esos países, dictar leyes especiales, someterla a vigilancia. Pues bien, he aquí que millones de hombres y mujeres se levantan exigiendo justicia social y democracia. Hemos visto a cristianos protegiendo a musulmanes, a musulmanes defendiendo a cristianos; a mujeres, con velo o descubiertas, unidas en la protesta. Hemos visto a una nueva generación ponerse en pié. Y nos hemos reconocido en la voz y los anhelos de un movimiento que ha desvelado el auténtico rostro de los gobernantes “amigos” de Occidente: el de la corrupción, los abusos sin fin y el terror policial.
Ahora, Obama, Sarkozy, Merkel, Cameron… saludan al pueblo y piden “transiciones pacíficas”. Trinidad Jiménez también se ha vuelto pródiga en consejos. Pero basta con echar un vistazo a las hemerotecas para encontrar fotos comprometedoras de toda esta gente. Y muy recientes. Abrazos, felicitaciones a los dictadores, recepciones oficiales… ¡Si hasta hace apenas unos días Ben Alí y Mubarak eran miembros de la Internacional Socialista! Carme Chacón admite que el gobierno fue demasiado blando con esos regímenes. ¿Quiere decir eso que, a partir de ahora, escuchará la voz de la juventud marroquí que se alza contra la monarquía? ¿Que la diplomacia española apoyará las demandas del pueblo saharaui? Lo cierto es que, mientras la ciudadanía egipcia celebraba su victoria, una delegación parlamentaria encabezada por José Bono se entrevistaba en Guinea con el presidente Obiang, un dictador cuya brutalidad sanguinaria es conocida… pero cuyas multimillonarias cuentas corrientes, alimentadas por las rentas del petróleo, encuentran cobijo en Madrid, en las arcas del Banco de Santander.
La alegría por las primeras victorias no debe hacer olvidar el alto precio pagado por ellas. Izquierda Anticapitalista se inclina ante los centenares de víctimas, abatidas por las fuerzas represivas. Muchos peligros se ciernen sobre la revolución. Mubarak ha tenido que marcharse, pero la columna vertebral del régimen – una casta militar enfeudada a los intereses de Washington – permanece. Los mandos del ejército se han apresurado a garantizar el respeto de tratados y alianzas; es decir, el flujo de petróleo a través del canal de Suez y la colaboración con Israel para seguir asfixiando a Palestina. Ni se ha liberado a los presos políticos, ni se ha derogado el estado de emergencia, en vigor desde hace más de treinta años. Muy al contrario: los generales prometen elecciones para más adelante… pero exigen el fin inmediato de huelgas y manifestaciones.
Y es que la intifada contra Mubarak, del mismo modo que la revolución tunecina, han sido preparadas por años de ascenso del movimiento obrero, de huelgas y protestas contra las privaciones y la carestía de la vida, contra las políticas liberales; años de represión y de resistencia. El grito de libertad de la Plaza Tahrir se ha sostenido sobre un potentísimo movimiento huelguístico. La lucha por la democracia nace teñida de inaplazables reivindicaciones sociales. Sí, la revolución no ha hecho más que comenzar. Su eco, amenazador para los dispositivos geoestratégicos de las grandes potencias, resuena ya en el corazón de las clases populares, desde Rabat a Teherán, desde Beirut hasta Indonesia. Se avecinan duras batallas que marcarán el destino del siglo.
La izquierda política y social europea sólo podrá reorganizarse, sobreponerse a años de postración y hacer frente a la crisis más grave y devastadora del capitalismo, colocándose decididamente al lado de la lucha de emancipación de los pueblos sojuzgados. Esto es, enfrentándose a las políticas imperialistas y a las expediciones neo-coloniales – como la guerra de Afganistán – de sus propios gobiernos. El Foro Social Mundial, reunido estos días en Dakar, ha convocado a una jornada internacional de solidaridad con la revuelta de los pueblos árabes para el próximo 20 de marzo. Ahí deben encontrarse el movimiento obrero, la izquierda crítica, los movimientos sociales… Mientras nos enfrentamos a recortes de derechos y a reformas antisociales que nos presentan como “inevitables”, cuando se firman resignadamente pactos de derrota como el de pensiones, los pueblos de Túnez y de Egipto, sus clases trabajadoras, están demostrando al mundo entero lo que se puede conseguir mediante la lucha y lo que significa la palabra dignidad.
15 de febrero de 2011

Alrededor de 40.000 personas se manifiestan en la Gran Vía de Murcia en la octava manifestación convocada por los sindicatos tras desvancarse varios de éstos de las reivindicaciones y tras pactar un preacuerdo con el Gobierno.
La manifestación salió pasadas las 18.00 desde la Plaza Circular y terminó en la Plaza de la Cruz Roja casi dos horas después, un poco más de un kilómetro de recorrido por el que discurrieron cientos de pancartas, la mayoría de ellas utilizadas por los centros de enseñanza en sus concentraciones de las últimas semanas, y en las mismas un único lema: “Más recortes en Educación, Menos futuro para la Región”
A la manifestación acudió un Bloque Joven formado por la Coordinadora de Estudiantes de Murcia, los Comités de Alumnos en Huelga de Cartagena, militantes de centrales sindicales como CNT, y miembros de la juve comunista, formando así un grueso anticapitalista en la manifestación. Éste bloque formó al principio de la marcha para hacerse oir frente a la megafonía de CCOO y UGT, y al paso de la pancarta principal empezaron a oirse lemas como ”Ni Pensionazo, Ni Tijeretazo”. Al paso de CCOO éste bloque se situó en mitad de la marcha, y al ritmo de una banda se repitieron los lemas contra los recortes sociales y laborales.
Al llegar a la casa de Valcárcel, los sindicatos mayoritarios recitaron una versión protesta de la ”Alegría de la Huerta”, popular Zarzuela murciana. Seguidamente el Bloque Joven se situó frente al cordón policial que estaba en el portal de la casa del Presidente Valcárcel, y al grito de ”Ahí está, la cueva de Alí Babá” realizaron una simbólica sentada durante unos tensos minutos, tras los cuales todos los presentes estallaron en aplausos siguiendo la marcha hasta su fin.
Aún habiéndose desmarcado algunos sindicatos de las reivindicaciones, la Gran Vía de Murcia vió pasar una tarde más miles de personas, que con espíritu de lucha, no se han doblegado frente a las agresiones, las descalificaciones, las mentiras, y los impedimentos que desde arriba se quieren imponer para que los trabajadores y trabajadoras del sector público de la CARM no puedan ejercer libremente su derecho a Huelga.


Construir entre todos y todas una orientación sindical que nos saque del abismo.
Javier Valdés, afiliado a CCOO y militante de Izquierda Anticapitalista Almería.Para bien o para mal tengo ya 31 abriles. Nací en el verano de 1979, dos años después de los Pactos de la Moncloa. Mi visión de dichos pactos ha variado con el paso del tiempo. En un principio me tragué sin mucho esfuerzo el mito de la transición modélica que se vende al por mayor al gran público del estado. De muy joven entré en contacto con organizaciones de la izquierda radical, las cuales, aunque cada una con sus distintos matices, coincidían en una juicio bastante diferente del oficial sobre dichos pactos. Finalmente entré en Espacio Revolucionario Andaluz, la organización andaluza de Espacio Alternativo, hoy Izquierda Anticapitalista, y mi forma de pensar sobre lo que fueron los pactos de la Moncloa cambió definitivamente, y aún diría más: sin posibilidad de retorno a la versión oficial. Tras muchos libros, artículos y debates, hoy deben poner mucha vaselina al mito de la transición para hacérmelo tragar.Sin embargo, lo que parte de mi generación “recuerda” sobre los pactos de la Moncloa, lo hizo a través de la generación que sí vivió y sufrió tal derrota. Por lo tanto, nuestra percepción de los hechos está muy influenciada por las voces y las plumas de los “veteranos”, en mi caso, de la izquierda que hicieron oposición al proceso. Hay un viejo proverbio chino que dice: “dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe de algo y entonces aprenderé”. Hemos leído mucho y nos hemos creído sabios, sin embargo, mi generación ha aprendido (y aprehendido) lo que fueron los pactos de la Moncloa con la terrible imagen con la que premeditadamente he querido acompañar este artículo. Un curso intensivo de cruda realidad.
De nuevo otro pacto en el que perdemos y perdonamos los de siempre. Pero es éste un pacto de una gravedad sórdida. En él no sólo se entrega a la clase trabajadora a las fauces del león, a la antesala de la privatización de las pensiones (sistema de capitalización vs sistema contributivo), sino que además, con Toxo y Méndez como dos de los mosqueteros del pacto, se tira a la basura el cartucho de la movilización y no sabemos por cuánto tiempo. Si la credibilidad de las centrales sindicales mayoritarias antes del 29 S ya estaba por los suelos, en parte por años y años de pasteleo con la administración y alejamiento de la realidad de los y las trabajadoras, lo cual fue un obstáculo para quienes construimos la huelga en septiembre, dicha credibilidad hoy ha llegado a las antípodas. Se han aceptado las tesis de la patronal, quien al principio de la crisis mantenía que la única salida era que la gente trabajadora (no ellos, claro) debíamos trabajar más para ganar menos. El Gobierno socialista (dicen) y las cúpulas de CCOO y UGT dan cuerpo a lo que hace unos años considerábamos una fanfarronada del depuesto y siniestro Díaz Ferrán.
Ayer, como afiliado a CC.OO. asistí a una asamblea esperpéntica en mi sindicato. La misma dirección provincial que hace apenas un par de semanas, descolocada ante el anuncio del pacto global por Toxo el 11 de enero, se posicionaba crítica con la propuesta de la dirección confederal y mantenía la postura de dar continuidad a la movilización con el horizonte de huelga general, esa misma dirección se sentaba ayer ante una veintena de afiliados del sector de enseñanza y nos vendía las bondades del pacto. Una metamorfosis tan rauda difícilmente será digerida por alguien como yo, quien no entiende siquiera que los vestidos de agitador y sacerdote puedan estar en un mismo armario. Para rematar la faena, el cuadro se cerraba con la líder del sector crítico bailando al compás del pensionazo.
Quizá con más rabia que sosiego, solicité que se me explicara a qué se debía un cambio de posición de tal calibre, qué había cambiado en el contexto en un par de semanas para dar un giro de 180º. La pregunta central quedó sin contestar. Los dos argumentos básicos giraron en torno a la defensa de la lógica del pacto y fueron: uno, el posibilismo y dos, frenar la propuesta agresiva del Gobierno. El posibilismo es muy curioso, es la pseudo-ciencia de la historia-ficción: no estábamos en condiciones de una huelga, hubiera sido peor el realizarla, … es como una ciencia hecha para darse la razón a sí misma, pues como jamás se presta el evento a arder en las ascuas de la realidad, jamás se puede probar la veracidad de la hipótesis del fracaso apriorístico. Sin embargo, lo cierto era que antes del anuncio del pacto por parte de Toxo, el ánimo en muchos de los cuadros medios y afiliados de base del sindicato era el de construir la huelga general en caso de agresión del Gobierno, tal y como se anunciaba desde la dirección confederal antes del giro sospechoso. Tal hecho se demuestra en la lluvia casi diaria de comunicados de sectores provinciales, regionales e incluso uniones provinciales del sindicato desde el día después de que se anunciara el acuerdo hasta hoy. Esto, sin tener en cuenta que el primer sondeo muestra un rechazo del acuerdo por parte del 76% de la población… un acuerdo firmado por la dirección de CC.OO. y U.G.T. El otro argumento siempre me ha llamado la atención: como la reforma del Gobierno era agresiva contra los intereses de los trabajadores, pues entre otras cosas pretendía la capitalización de las pensiones, y por tanto su privatización, hemos firmado este acuerdo que es menos malo. Tomen nota futuros Gobiernos: si lo que pretenden es que nos comamos una mierda, pongan un mierdón sobre la mesa.
La realidad, sin embargo, no es ni un argumento ni el otro. La realidad radica en una orientación sindical que ve como hecho anómalo el salirse fuera de los límites de la concertación social… patología propia del sindicalismo en el Estado Español, tal vez herencia directa de las lógicas nacidas de los pactos de la Moncloa. No es posible que parte de los cuadros medios del sindicato hace un par de semanas estuvieran predispuestos a realizar una huelga general y ahora se introduzcan cual enema las bondades del “importante acuerdo social”, si no es porque gran parte de estos cuadros medios se han curtido dentro de las lógicas de la paz social y de una manera muy particular de entender el centralismo democrático. No quiero con esto restar importancia a las luchas mantenidas por dichas personas o dejarlas en un segundo lugar, sino que pretendo señalar que incluso el hecho de que después de navidad no estuviéramos en las mejores condiciones para afrontar otra huelga general es consecuencia de una estrategia sindical que temblando en la arena de la confrontación, mira por vicio a los despachos donde a nuestras espaldas se negocian nuestras vidas. Pues incluso después del 29 S no ha habido una política sindical orientada a mantener la tensión en la calle ni a combatir la campaña mediática que sostenía la mentira demostrable de que la huelga general fue un fracaso, lo cual iba allanando cada vez más la oscura senda hacia el pensionazo bendecido por la paz social, que es la paz de los Botín, los Ferrán o los Florentino Pérez, pero no la nuestra.
No obstante, a día de hoy sigue habiendo contradicción dentro del sindicato. No nos podemos conformar con la imagen de Dartacán y los tres mosqueteros firmando el acuerdo que nos postra de rodillas, esta vez hincándolas hasta el subsuelo, a la mayoría de la sociedad ante el gran capital. Afortunadamente fuera del sindicato la indignación es grande. Existe pues un caldo de cultivo para, al menos, intentar articular una respuesta entre todas las personas que hoy nos oponemos al pacto. En este momento el sectarismo entre quienes estando en contra del acuerdo, estamos dispuestos a dar la batalla en los frentes que sean necesarios puede ser crucial… en lo negativo, claro. Sólo la creación de complicidades entre personas con una misma orientación sindical más combativa nos puede dar la llave para abrir la puerta de una movilización general contra el pensionazo. En este terreno de nada nos valen los juicios sobre las siglas sindicales, como si un sindicato fuera un todo homogéneo. Es preciso, por tanto, la organización dentro del sindicato, pero también es preciso saber que debemos tejer coordinaciones intersindicales entre gentes dispuestas a construir conjuntamente una orientación sindical combativa y unitaria que vaya más allá de la oposición frontal al acuerdo sobre las pensiones. Una cuestión crucial para los tiempos que corren.