martes, 8 de marzo de 2011

Declaración 8 de marzo Izquierda Anticapitalista.


Izquierda Anticapitalista

Descarga aquí el panfleto

Hace ya más de 100 años que centenares de obreras textiles de Nueva York se echaron a la calle un 8 de marzo para reivindicar sus derechos laborales. Desde entonces, tomamos esta fecha para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, tanto las que cobran un salario como las que no. Recordamos, por tanto, la gran labor desarrollada por mujeres que luchaban y que luchan por la igualdad, la libertad y la autonomía de todas nosotras.

Desde siempre, las mujeres hemos venido sufriendo una enorme desigualdad en muchos aspectos. Las tareas reproductivas, que se nos atribuyen como femeninas, han sido, y continúan siendo, socialmente infravaloradas y no remuneradas. Esto nos ha situado a las mujeres en posiciones de invisibilidad social, económica y política, y nos ha impedido nuestra autonomía social y económica respecto a los hombres. Este año, sin embargo, no es como cualquier otro, ya que, sumado a nuestra desventaja histórica, hemos visto caer sobre nuestras espaldas todo el peso de las políticas neoliberales europeas y estatales que habían estado planeando sobre nuestras cabezas todo este tiempo. A pesar de que las políticas supuestamente anticrisis aprobadas recientemente por los gobiernos no constituyen ninguna ruptura respecto a la profundización de las medidas neoliberales implementadas durante las últimas décadas, esta vez han llegado demasiado lejos:

- Recorte en el gasto público, que hace que la responsabilidad por el cuidado de niños y niñas y personas mayores sea transferida de nuevo al marco del trabajo doméstico femenino, invisible y supuestamente altruista. Además, al estar concentradas en sectores públicos como sanidad o educación, las mujeres somos las principales víctimas de la pérdida de empleo y reducción de salarios. El número de residencias para la tercera edad y escuelas infantiles públicas es insuficiente, siendo en muchos casos necesario recurrir a alternativas privadas cuando estas tareas deberían ser asumidas por el Estado y la sociedad en su conjunto. Ante esto nosotras decimos, ¡No nos volverán a encerrar en casa!

- La Ley de Dependencia, implementada de forma desigual e incompleta, también está sufriendo los recortes impuestos por los gobiernos durante los últimos meses. Se han anunciado congelaciones de gasto en atención a la autonomía restringida y el Gobierno considerará durante los próximos meses únicamente los casos de los altos dependientes.

- Además de constituir un grave atentado contra el conjunto de los trabajadores y trabajadoras, la Reforma laboral acentúa la desigualdad de género, ya que los contratos a tiempo parcial (que afectan mayoritariamente a mujeres) hacen que nuestras cotizaciones sean menores; las ayudas al empleo han ido a parar a sectores masculinizados; y la facilidad del despido por días no trabajados, nos afecta aún más, por ser nosotras a menudo las que tenemos que faltar al trabajo para atender los problemas familiares que surgen.

- Las empleadas del hogar continúan teniendo una regulación laboral “especial”, fuera del Estatuto de los Trabajadores: tienen menos derechos que los/las trabajadores/as en otros sectores ya que su trabajo se basa y se regula a partir de la premisa de la centralidad de la confianza, la flexibilidad y la “buena fe” en la creación de la relación entre la trabajadora y la persona que emplea. El Real Decreto que regula sus condiciones laborales legaliza, entre otras graves situaciones abusivas, la ausencia de contrato escrito, el derecho a cobrar horas extras, la no existencia de un tiempo de descanso equiparable al resto de trabajadores y trabajadoras, el despido libre y prácticamente gratuito y la práctica imposibilidad de la intervención de inspectores laborales.

- La Reforma de las pensiones dejará a las futuras jubiladas con pensiones más ridículas si cabe que las actuales como resultado de la concentración de las mujeres en la economía informal y la constante interrupción de nuestra vida laboral para atender las necesidades familiares de cuidado.¿Cómo podremos cumplir los 38,5 años trabajados sin sacrificar la posibilidad de ser madres, teniendo en cuenta la creciente demora de nuestra incorporación en el mercado laboral, los contratos temporales y las jornadas a tiempo parcial, que en su mayoría son realizados a mujeres?

- Seguimos esperando las medidas educativas y legales que ayuden a eliminar la terrible violencia machista que sufren las mujeres, con 13 víctimas mortales en lo que llevamos de año, más todas las violaciones, vejaciones, insultos, etc. que no pueden contabilizarse.

- Seguimos esperando medidas donde primen los derechos de las personas, especialmente de los colectivos más vulnerables, inmigrantes, mujeres y jóvenes, a los beneficios económicos, así como medidas para la despatologización de las identidades trans. La transfobia y la homofobia son una realidad en nuestro día a día contra las que tenemos que luchar.

Estamos hartas, cansadas de ser siempre el último eslabón de la cadena, de soportar el peso de la sociedad, cansadas de que nuestro trabajo, en muchas ocasiones ni siquiera reconocido, se pague cada vez peor. Cansadas de que nuestra situación sea la más desfavorecida por la actitud de un gobierno, unos empresarios, unos banqueros que nos exprimen incansablemente y dejan caer sin ningún tipo de pudor el peso de la crisis sobre nuestras espaldas. Cansadas de la falta de coraje de unas direcciones sindicales que prefieren claudicar antes de luchar. Nuestros derechos valen más que sus beneficios.

Exigimos, por tanto, no sólo la derogación de las recientes reformas, sino una mejora en nuestras condiciones de trabajo y de vida en un marco de discusión y acción donde el capitalismo patriarcal deje de ser la única alternativa. Y eso sólo podremos conseguirlo si somos capaces de luchar todas juntas y ser nosotras mismas las que decidamos sobre nuestro futuro.

En un año en que las mujeres de los países árabes y del Magreb nos muestran su valentía luchando por la libertad, en nuestra casa nos encontramos en un momento de retroceso en materia de derechos sociales. Además de mostrar nuestra más profunda solidaridad con las compañeras de Túnez, Egipto, Argelia, Libia, Bahrein y todos aquellos países donde las mujeres están saliendo a la calle para exigir democracia y libertad, estamos convencidas de que es imprescindible seguir su ejemplo y que únicamente mediante la lucha y la determinación conseguiremos atrás unas políticas que amenazan con eliminar el concepto de "público" y "social" de nuestras vidas e intentan privatizar cada rincón de nuestras existencias.

Las mujeres hemos de animar a la resistencia frente a la nueva ola de políticas neoliberales, impregnando esta resistencia con nuestras propias reivindicaciones igualitarias y antipatriarcales. El progreso y la justicia social son más inseparables que nunca de la lucha por nuestra emancipación.

¡Mujeres, que no recorten nuestras vidas! 


Crónicas de IA desde Túnez (II): Paseando por el libro abierto de la revolución tunecina.


Delegación de Izquierda Anticapitalista en Túnez

Varios mitos han girado en torno a las revoluciones en el mundo árabe, o al menos en el relato que de ellas se ha hecho desde los medios de información occidentales. Uno de ellos es el protagonismo de las clases medias urbanas conectadas a las redes sociales a través de sus teléfonos inteligentes. Un buen ejemplo es la portada de la revista Jeune Afrique que, con una joven de clase media ataviada con una bandera tunecina, adorna machaconamente los paneles publicitarios del centro de la ciudad. Otro mito bastante reproducido es el supuesto espontaneísmo de la revuelta, sin organización previa y coordinada a través de facebook, la única red social permitida por el régimen de Ben Ali por las posibilidades de control sobre la ciudadanía que le ofrecía, especialmente sobre la juventud.

En nuestro intento por conocer los verdaderos escenarios y protagonistas de la revolución tunecina, nos dirigimos a Ben Arous, población industrial situada en la periferia de la ciudad de Túnez, zona obrera por antonomasia y fiel reflejo del 'milagro' económico neoliberal receptor de las inversiones directas extranjeras dirigidas a los sectores de la electricidad, el textil o el automóvil. Allí tiene un peso especial la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT), única organización sindical legal durante los 23 años del régimen de Ben Ali y principal organización social tunecina. Y en esta condición de espacio de organización política 'en exclusiva', integraba desde direcciones colaboracionistas con la dictadura a bases locales y regionales opositoras. Dualidad que a comienzos de 2011 se tornó a favor de la segunda tras un largo proceso de profundización y radicalización de las demandas obreras iniciado durante la revuelta minera de Sidi Bouzid en 2008, decisivo para las numerosas manifestaciones de los últimos meses o la Huelga General del 14 de enero que provocaron la salida de Ben Ali.

Esta mañana la sede local de la UGTT en Ben Arous es una esfervescencia ciudadana: una reunión de mujeres en el patio central convive con la vertiginosa actividad de los pasillos. Mohammed Mosalmi, dirigente sindical de la agrupación local nos cuenta el papel de la UGTT en las revueltas, aunando y politizando las distintas reivindicaciones sectoriales que durante los tres últimos años habían acumulado más de 1.570 conflictos laborales, además de las 70 huelgas convocadas en los dos meses que han seguido al 14 de enero o las numerosas ocupaciones de empresas, algunas de ellas filiales de transnacionales. 12.000 nuevos afiliados al sindicato en menos de seis semanas son sólo un reflejo del aumento de la conciencia de clase y de la necesidad de organizarse que ha acompañado a la ebullición revolucionaria, especialmente en zonas industriales como Ben Arous.

Al salir de la sede de la UGTT un grupo de mujeres de una empresa de electrodomésticos nos interpela para que nos traslademos a su centro de trabajo. La mayoría de sus 70 trabajadoras llevan cuatro días en huelga concentradas frente a la fábrica en la que trabajan 48 horas semanales por menos de 100 euros al mes en condiciones de absoluta precariedad. El patrón, escudándose en la crisis económica internacional y en la revolución, hace semanas que se niega incluso a pagarles esa cantidad irrisoria. Conocemos así de primera mano la conflictividad laboral y toma de conciencia que está acompañando al proceso revolucionario a través de sus anónimas protagonistas que, de forma apasionada, nos rodean y muestran sus quejas, sus nóminas, sus heridas laborales, sus reivindicaciones y sus esperanzas de que las reformas políticas tengan también una traducción real en su vida material cotidiana.

El grito mas coreado es 'dignidad'; y la imagen mas repetida, la 'v' de victoria. Ambos resumen todo un programa revolucionario: basta ya de humillaciones salariales y laborales, basta ya de ser invisibles, de no tener palabra. Si tuviéramos que dibujar esta revolución, sin duda una de las imágenes principales sería la sonrisa de estas mujeres en lucha. Una sonrisa contagiosa, de esperanza y dignidad.

De vuelta al centro urbano de Túnez, recorremos la Avenida Bourguiba, vía principal de la ciudad y escenario de las principales manifestaciones y del terror desencadenado por los mercenarios de Ben Ali, elementos contrarrevolucionarios salidos de los numerosos cuerpos de la policía. El 14 de enero, con Ben Ali huyendo del país en avión, la policía encerraba en esta avenida a miles de manifestantes quienes, gaseados desde las calles adyacentes y tiroteados por francotiradores empotrados en las azoteas, se refugiaron en los portales y apartamentos de los numerosos edificios que pueblan esta calle, sufriendo muchos de ellos durante la noche una represión a la chilena que les llevó a la tortura y la muerte. Hace una semana, siete personas morían en esta avenida a manos de las milicias en la víspera de la caída del ex primer ministro Ghannouchi. Hoy, los edificios oficiales, incluido el tétrico Ministerio del Interior en el que todavía se torturan las esperanzas del pueblo tunecino, siguen protegidos por alambradas y por los tanques del ejército que se mantuvo neutral sobre el papel pero intervino para defender al pueblo de las milicias paramilitares.

La Avenida Bourgiba es como los espejos del Callejon del Gato de Max Estrella, en los que se reflejan deformadas las oportunidades, retos y peligros del proceso revolucionario, en el que la policía recorre las calles cubiertas por pintadas, cruzándose con el mismo pueblo victorioso y reprimido, luchador y torturado. Una tensa calma que se siente a cada paso, como si se esperara una nueva tormenta. Bulliciosas terrazas de cafeterías, venta ambulante hasta ahora prohibida, alambre de espino, siniestros policías de paisano y blindados militares son algunos de los elementos que componen el cuadro inacabado de este periodo histórico completamente abierto.

Con las primeras reformas democráticas ha llegado también la legalización de partidos políticos, de nueva creación o con una dilatada trayectoria de trabajo, ya fuese en la clandestinidad o encubierto dentro de las organizaciones del antiguo régimen. Uno de ellos es el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, miembro del Frente 14 de enero. En su recién estrenada sede situada a pocos metros de la Avenida Bourguiba nos recibe Mohamed Jmour, uno de sus dirigentes. Nos expone su apuesta por concurrir a la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente del 24 de julio con una plataforma unitaria amplia que reúna a distintas organizaciones de izquierda y nacionalistas progresistas, que según él podría alcanzar un 30% de los votos y afianzar así muchas de las conquistas alcanzadas hasta ahora.

Sin duda, la revolución tunecina ha contado y cuenta con una espontaneidad que desborda el cálculo y previsiones de cualquier organización revolucionaria; con una amplitud social que incorporó y sigue incorporando también a las clases medias capitalinas; y con redes sociales como facebook convertidas en instrumentos de coordinación de las revueltas. Ahora bien, poner todos los focos y atención exclusivamente en estos elementos es negar la multitud de historias de lucha y resistencia que se han sucedido durante los últimos años, el papel que han jugado organizaciones clandestinas y encubiertas, sus victorias parciales e importancia fundamental en el proceso revolucionario; es sacar de la fotografía a los jóvenes de las barriadas autogestionadas, a las obreras en huelga de Ben Arous, a los sindicalistas que desde sus pequeñas sedes locales coordinaban huelgas sectoriales y apoyaban ocupaciones de fábricas.

No sin razón, alguien escribió sobre una pared de la Avenida Bourguiba: 'Thank you Facebook'. Sería injusto que esta revolución siguiera en marcha sin que nadie reconociese y agradeciese también al resto de sus protagonistas. Aunque es muy probable que muchos de ellos no busquen encontrar su nombre pintado en ninguna pared ni su cara fotografiada en la portada de ninguna revista, sino simplemente ver que su digna y valiente lucha les permite finalmente recuperar las riendas de su futuro. Y el futuro en Túnez es un libro abierto que miles de manos están escribiendo hoy.

domingo, 6 de marzo de 2011

Grecia: urgente solidaridad con los sin papeles en huelga de hambre.


Sábado 5 de marzo 2011

300 inmigrantes sin papeles se encuentran en huelga de hambre, desde cerca de cuarenta días, en Atenas y en Salónica y casi un centenar ha tenido que ser hospitalizado. Se trata de gente que llegó a Grecia perseguida por la pobreza, por el paro, las guerras y las dictaduras. Gente que arriesgó sus vidas para llegar a la puerta europea con el fin de encontrar trabajo para sobrevivir. Como lo dicen en su llamamiento, ponen en peligro su vida “porque en todo caso no se trata de una vida digna. Elegimos morir aquí en lugar de heredar a nuestros hijos la vida que hemos padecido”. Han elegido poner en peligro sus vidas para poner fin a la injustica que padecen.

Es una época en la que en Grecia el mundo del trabajo y toda la población hacen frente a ataques sociales sin precedentes: hacia los trabajadores, los parados, la juventud… Una época donde se pone en tela de juicio los derechos elementales de vida y de trabajo, los derechos ganados mediante luchas. Es la época de la reducción de los salarios y de las pensiones, del aumento de los precios y de los impuestos, de los despidos, de la destrucción de todo lo que ha existido de carácter público y social en Grecia.

Las primeras víctimas de este tipo de ataque y de este tipo de deterioro de las condiciones de vida son evidentemente los trabajadores más precarios, los más sobreexplotados. Los inmigrantes sin papeles, que han trabajado en Grecia desde hace años y que han a menudo fundado una familia en este país han sido durante esos años una fuente importante de enriquecimiento para sus empleadores y para el propio estado griego (ver los juegos olímpicos de 2004). Hoy se encuentran no solamente enfrentados al mayor ataque desde decenios, sino también a una propaganda racista por parte de los medios, de todos los aparatos del estado y desgraciadamente, asumida por cierta parte de la población.

En plena crisis del sistema capitalista, el gobierno griego decide construir un muro a lo largo del Evros (río que separa Grecia de Turquía) para impedir el flujo de los “salvajes”. El ejército europeo vigila el mar Egeo, los inmigrantes son brutalmente reprimidos. El estado griego hace todo lo posible para convencer a su pueblo que la amenaza contra él y los culpables del ataque inédito que padece son los inmigrantes.

El gobierno del PASOK rechaza tercamente la petición legítima de regularización sabiendo que condena de ese modo a los huelguistas a la muerte. 8 miembros del comité de apoyo están siendo perseguidos por la justicia, así como el presidente de la facultad de derecho- dónde los huelguistas de hambre estuvieron albergados antes de que los evacuasen con la amenaza de expulsión violenta- así como algunos de los propios huelguistas. En el hospital, los policías intentan interrogar médicos y enfermeros para tener los nombres de los huelguistas hospitalizados mientras que la rueda de prensa del comité de apoyo del 1 de marzo vivió una agresión policial particularmente violenta.

Los huelguistas solo reivindican sus derechos - políticos y sociales- y deberes similares a los de sus compañeros griegos. Su lucha forma parte de la de todos los pueblos que se encuentran en la calle. Un fracaso sería el fracaso de todos. Los gobiernos intensifican su ataque sin precedente. La lucha legítima y la solidaridad internacional debe ganar.

Exigimos la regularización inmediata de los 300 huelguistas de hambre en Grecia.

Sus reivindicaciones son también las nuestras:

- Regularización de todos los sin papeles. Mismos derechos para todos los trabajadores.

- No a la construcción del muro en las fronteras entre Grecia y Turquía.

- Abrogación del reglamento Dublín II.

Diego Cañamero en busca y captura.


Kaosenlared.

Desde este sábado Diego Cañamero se encuentra en situación de "búsqueda y captura" por no haberse presentado el 18 de febrero a un juicio por los piquetes informativos de la huelga general del 29-S. En este artículo, una integrante del Sindicato Andaluz de los Trabajadores explica los motivos que han llevado a esta organización a plantear la ’insumisión judicial’.

El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), heredero de la tradición de lucha del Sindicato de Obreros del Campo, sufre hoy una fuerte represión en su labor sindical como arrojan estas cifras a modo de ejemplo: 400.000 euros en multas, fianzas y sanciones; 350 militantes obreros procesados o multados y peticiones de cárcel que ascienden a 41 años y 9 meses.

Sabemos que este aumento de la represión por parte de los poderes públicos a través de la sanción penal, no es exclusiva contra el SAT sino que responde a una estrategia de aplicación del derecho excepcional a los colectivos disidentes con el orden socioeconómico.

El poder ejerce siempre la represión contra comportamientos que se consideran peligrosos para el orden social vigente con diferentes herramientas: sistemas familiares, educativos, laborales, culturales, religiosos. Cuando estos mecanismos fallan y el sujeto "rebelde" sigue considerándose un peligro para el orden social se aplica el ius puniendi, el derecho penal sancionador, con el fin de disuadir al sujeto en su conducta y castigarle en pos de defender la pacífica convivencia ciudadana y las libertades civiles.

Pero, ¿quiénes son estos enemigos del orden social? Históricamente siempre han existidos enemigos del orden imperante, que han recibido un trato excepcional por parte del derecho penal basado en su peligrosidad. En el Estado español: moriscos, judíos, gitanos o anarquistas. En la actualidad, estos enemigos del Estado son principalmente las personas inmigrantes y el terrorismo. Este último concepto, según la interpretación extensiva del poder, engloba la disidencia política y cualquier forma de contestación al sistema socioeconómico. Esta excepcionalidad en la aplicación del derecho penal se traduce en la suspensión de garantías procesales y desproporción en la aplicación de las penas.

La represión contra la labor sindical del SAT cumple los rasgos característicos de la teoría del Derecho Penal del Enemigo: adelantamiento de la punibilidad, penas desproporcionadas respecto del Derecho Penal normal, relajación o supresión de determinadas garantías procesales individuales...

Adelantamiento de la punibilidad: como más reciente ejemplo de esta práctica podríamos citar la prohibición de llevar a acabo las concentraciones y manifestaciones convocadas por el SAT en Sevilla el 27 de enero en protesta por la aprobación de reforma del sistema de pensiones.

Penas desproporcionadas respecto del Derecho Penal normal: Es común para el SAT que acciones de protesta como ocupación de fincas o concentraciones en la vía pública se salden con peticiones de prisión por parte de los tribunales aunque en el desarrollo de estas acciones no se hayan producido daños ni contra las personas ni contra los bienes. La pena de privación de libertad, máxima pena en el ordenamiento jurídico, sigue siendo la respuesta del poder judicial.

Relajación o supresión de determinadas garantías procesales individuales: Ejemplo de ello son las detenciones mediáticas de imputados en sus domicilios y lugar de trabajo, en lugar de ser citados a declarar ante los tribunales por las formas de citación establecidas habituales. O las detenciones llevadas a cabo con violencia y desproporción.

Toda este hostigamiento y maltrato policial y judicial contra las protestas no violentas contra el paro y la miseria en Andalucía sucede mientras se viola diariamente el derecho al trabajo de más de un millón de personas y el derecho a unas condiciones laborales y de vida dignas de muchos millones más.

Como respuesta a estos montajes policiales y judiciales, el hostigamiento y la represión el Comité Nacional del SAT ha decidido iniciar una campaña pacífica de desobediencia civil que consistirá en no acudir a más juicios farsa mientras no cese la persecución contra el sindicato. Conscientes del precio a pagar por esta desobediencia, y la privación de libertad que puede suponer para muchos militantes, están dispuestos a llevar a cabo esta insumisión. Su fin es visibilizar esta maquinaria represiva del Estado que castiga a quienes no se doblegan ante el miedo que intentan imponer y que siguen luchando por un mundo incluyente y más justo donde la vida digna de todos y todas sea posible. Por Pastori Filigrana, militante del SAT.


Madrid, 12 de Marzo : Manifestación Confederal "Contra el pacto social, movilización y lucha" .


La CGT se ha dirigido tambien a organizaciones y movimientos sociales, para que se sumen a la convocatoria.

CGT

Por la Jubilación a los 60 años – Por la Jornada Laboral de 35 horas – En defensa de los derechos laborales y sociales. Desde el Banco de España, hasta el Paseo de Camoens. Salida de la manifestación a las 12,30h.

14,30h : MITÍN + CONCIERTO (Penadas por la Ley + Yeska + Desechos)

MANIFIESTO:

12 de marzo : MANIFESTACIÓN CONTRA EL PACTO SOCIAL

Un día para luchar por la Dignidad y la Justicia Social

Pacto Social y Económico de 2011. Con la firma de este pacto, el gobierno, los políticos, la patronal y el sindicalismo institucional de UGT-CCOO, desde la más absoluta desvergüenza política y empresarial, nos están robando los salarios, las pensiones públicas, los derechos laborales y sociales de la clase trabajadora y clases populares y nos están estafando nuestra dignidad como personas.

Estadísticas del dolor. La realidad de la mayoría social se recoge en los datos del dolor : millones de personas en paro, contratos temporales y precarios, salarios de miseria, anulación de prestaciones sociales, eliminación de la ayuda de 426 euros, despidos baratos y libres, reducción de las pensiones públicas, miles de desahucios, desregulación de las relaciones laborales, eliminación de los convenios colectivos, etc. Este panorama se utiliza desde el poder para atemorizar a toda la población y que nos sometamos derrotados a las leyes del mercado capitalista.

Pérdida de salarios. Los firmantes del Pacto Social, aceptan que los salarios, entendidos en todo su recorrido (precio del contrato, impuestos, cargas sociales y despido), tenían que bajar y así ha sido : los costes laborales han disminuido, los salarios han perdido en el 2010 al menos 2,7 puntos. Esto significa que las políticas de ajuste (reforma del despido, reforma de la negociación colectiva, reforma de las prestaciones sociales) dan los frutos esperados por la banca y la patronal : ahora nos hurtan más y mejor a la clase trabajadora, nos arrebatan mayor porción de nuestras rentas salariales y encima hacemoscrecer la productividad de nuestro trabajo.

Saqueo de las pensiones. Gobierno, políticos, empresarios y UGT-CCOO han decidido que tenemos que trabajar más años, jubilarnos más tarde, alargar el período mínimo de cálculo de la pensión, incrementar el número de años cotizados para tener derecho al 100% de la pensión… conclusión, las rentas del trabajo bajarán 4 puntos del PIB de aquí al 2040 y esos cerca de 60.000 millones de euros, irán directos a la banca privada.

Decretazo, Tijeretazo, Pensionazo. A la mayoría de la población nos han desposeído de rentas, derechos y libertades. Por otra parte, a la minoría rica que nos explota y gobierna, se le reducen las aportaciones de sus empresas a la seguridad social, se permite el fraude fiscal, no se lucha contra la economía sumergida, se mantienen los paraísos fiscales, los beneficios de las grandes empresas se usan para enriquecerse ellos más y más, se les jubila con pensiones multimillonarias, se les entregan miles de millones de euros para sanear sus negocios y bancos.

Respuesta de movilización social. Toda la clase trabajadora, los y las pensionistas, jóvenes, quienes estamos parados a la fuerza, quienes hemos sido condenados a la exclusión social, a la pobreza, quienes aún desde el mundo del pensamiento no han sido colonizados por el pesebre del mercado y conservan la lucidez de la crítica, quienes por su condición de género, mujer, sigue siendo asesinada social y psicológicamente, la mayoría social, en definitiva, tenemos que tomar la calle, levantarnos y doblegar a la patronal, a la dictadura de sus mercados, a los políticos y sindicalistas profesionales y revolvernos contra esta criminalidad y barbarie.

Para la CGT, luchando es posible otro sistema social y productivo respetuoso con las necesidades de las personas y el medio ambiente. Luchando, crearemos la justicia social para vivir como personas con dignidad y derechos y no como esclavos modernos del siglo XXI

POR LA JUBILACIÓN A LOS 60 años y LA JORNADA LABORAL DE 35 H PARA CREAR EMPLEO

POR EL REPARTO DEL TRABAJO Y LA RIQUEZA ; por una SALIDA SOCIAL A LA CRISIS

Para recuperar la dignidad y la Justicia Social, TODOS Y TODAS A MADRID EL 12 DE MARZO 2011

La CGT hace partícipes de esta convocatoria a todas las organizaciones sindicales y sociales que no aceptan el Pacto Social alcanzado por el gobierno, la patronal y el sindicalismo institucional de CCOO y UGT y que defiendan los derechos laborales y sociales de las y los trabajadores y clases populares.

Os adjuntamos carta remitida a las organizaciones sindicales y sociales. Os solicitamos que desde los Territorios, las Federaciones Locales, los sindicatos y los sectores, se remitan cartas en similares términos, al objeto de lograr el máximo apoyo para esta manifestación.

La conexión El Cairo-Wisconsin.


El 20 de febrero, Kamal Abbas, líder sindical egipcio y figura prominente del Movimiento 25 de Enero, envió un mensaje a los “trabajadores de Wisconsin”: “Estamos con ustedes, así como ustedes estuvieron con nosotros”.

Los trabajadores egipcios han luchado mucho tiempo por los derechos fundamentales que les denegaba el régimen de Hosni Mubarak respaldado por EEUU. Kamal tiene razón en invocar la solidaridad, que ha sido durante mucho tiempo la fuerza orientadora del movimiento de los trabajadores en el mundo, y en equiparar sus luchas por los derechos laborales y por la democracia.

Las dos están estrechamente interrelacionadas. Los movimientos de trabajadores han estado en la vanguardia de la protección de la democracia y los derechos humanos y en la expansión de sus dominios, razón elemental que explica por qué son venenosos para los sistemas de poder, sean públicos o privados.

Las trayectorias de los movimientos en Egipto y EEUU están tomando direcciones opuestas: hacia la conquista de derechos, en Egipto, y hacia la defensa de derechos existentes, pero sometidos a duros ataques, en EEUU.
Los dos casos merecen una mirada más cercana.

La sublevación del 25 de enero fue encendida por los jóvenes usuarios de Facebook del Movimiento 6 de Abril, que se levantaron en Egipto en la primavera de 2008 en “solidaridad con los trabajadores textiles en huelga en Mahalla”, según señala el analista laboral Nada Matta. El Estado reventó la huelga y las acciones de solidaridad, pero Mahalla quedó como “un símbolo de revuelta y desafío al régimen”, añade Matta. La huelga se volvió particularmente amenazante para la dictadura cuando las demandas de los trabajadores se extendieron más allá de sus preocupaciones locales y reclamaron un salario mínimo para todos los egipcios.

Las observaciones de Matta son confirmadas por Joel Beinin, una autoridad estadounidense en materia laboral egipcia. Durante muchos años de lucha, informa Beinin, los trabajadores han establecido nexos y se pueden movilizar con presteza.

Cuando los trabajadores se sumaron al Movimiento 25 de Enero, el impacto fue decisivo y el comando militar se deshizo de Mubarak. Fue una gran victoria para el movimiento por la democracia egipcia, aunque permanecen muchas barreras, internas y externas.

Las barreras internas son claras. EEUU y sus aliados no pueden tolerar fácilmente democracias que funcionen en el mundo árabe.

Las encuestas de opinión pública en Egipto y a lo largo y ancho de Oriente Próximo son elocuentes: por aplastantes mayorías, la gente considera a EEUU e Israel, y no a Irán, las mayores amenazas. Más aún, la mayoría piensa que la región estaría mejor si Irán tuviese armas nucleares.

Podemos anticipar que Washington mantendrá su política tradicional, bien confirmada por los expertos: la democracia es tolerable sólo si se ajusta a objetivos estratégico-económicos. La fábula del “anhelo por la democracia” de EEUU está reservada para ideólogos y propaganda.

La democracia en EEUU ha tomado una dirección diferente. Después de la II Guerra Mundial, el país disfrutó de un crecimiento sin precedentes, ampliamente igualitario y acompañado de una legislación que beneficiaba a la mayoría de la gente. La tendencia continuó durante los años de Richard Nixon, hasta que llegó la era liberal.

La reacción contra el impacto democratizador del activismo de los sesenta y la traición de clase de Nixon no tardó en llegar mediante un gran incremento en las prácticas lobistas para diseñar las leyes, el establecimiento de think-tanks de derechas para capturar el espectro ideológico, y otros muchos medios.

La economía también cambió de curso hacia la financiarización y la exportación de la producción. La de-
sigualdad se disparó, primordialmente por la creciente riqueza del 1% de la población, o incluso una fracción menor, limitada fundamentalmente a presidentes de corporaciones, gestores de fondos de alto riesgo, etc.

Para la mayoría, los ingresos reales se estancaron. Volvieron los horarios laborales más amplios, la deuda, la inflación. Vino entonces la burbuja inmobiliaria de ocho billones de dólares, que la Reserva Federal y casi todos los economistas, embebidos en los dogmas de los mercados eficientes, no lograron prever. Cuando la burbuja estalló, la economía se colapsó a niveles cercanos a los de la Depresión para los trabajadores de la industria y muchos otros.

La concentración del ingreso confiere poder político, que a su vez deriva en leyes que refuerzan más aún el privilegio de los superricos: políticas tributarias, normas de gobernanza corporativa y mucho más. Junto a este círculo vicioso, los costes de campañas electorales han aumentado drásticamente, llevando a los dos partidos mayoritarios a nutrirse en el sector de las corporaciones: los republicanos de manera natural y los demócratas (ahora muy equivalentes a los republicanos moderados de años anteriores) siguiéndoles no muy atrás.

En 1978, mientras este proceso se desarrollaba, el entonces presidente de los Trabajadores Autónomos Unidos, Doug Fraser, condenó a los líderes empresariales por haber “elegido sumarse a una guerra unilateral de clases en este país: una guerra contra el pueblo trabajador, los pobres, las minorías, los muy jóvenes y muy viejos, e incluso muchos de la clase media de nuestra sociedad”, y haber “roto y deshecho el frágil pacto no escrito que existió previamente durante un periodo de crecimiento y progreso”.

Cuando los trabajadores ganaron derechos básicos en los años treinta, dirigentes empresariales advirtieron sobre “el peligro que afrontaban los industriales por el creciente poder político de las masas”, y reclamaron medidas urgentes para conjurar la amenaza, de acuerdo con el académico Alex Carey en Taking the risk out of democracy. Esos hombres de negocios entendían, al igual que lo hizo Mubarak, que los sindicatos constituyen una fuerza directriz en el avance de los derechos y la democracia. En EEUU, los sindicatos son el contrapoder primario a la tiranía corporativa.

De momento, los sindicatos del sector privado de EEUU han sido severamente debilitados. Los sindicatos del sector público se encuentran últimamente sometidos a un ataque implacable desde la oposición de derechas, que explota cínicamente la crisis económica causada básicamente por la industria financiera y sus aliados en el Gobierno.

La ira popular debe ser desviada de los agentes de la crisis financiera, que se están beneficiando de ella; por ejemplo, Goldman Sachs, que está “en vías de pagar 17.500 millones de dólares en compensación por el ejercicio pasado”, según informa la prensa económica. El presidente de la compañía, Lloyd Blankfein, recibirá un bonus de 12,6 millones de dólares mientras su sueldo se triplica hasta los dos millones.

En su lugar, la propaganda debe demonizar a los profesores y otros empleados públicos por sus grandes salarios y exorbitantes pensiones, todo ello un montaje que sigue un modelo que ya resulta demasiado familiar. Para el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, para la mayoría de los republicanos y muchos demócratas, el eslogan es que la austeridad debe ser compartida (con algunas excepciones notables).

La propaganda ha sido bastante eficaz. Walker puede contar con al menos una amplia minoría para apoyar su enorme esfuerzo para destruir los sindicatos. La invocación del déficit como excusa es pura farsa.

En sentidos diferentes, el destino de la democracia está en juego en Madison, Wisconsin, no menos de lo que está en la plaza Tahrir.

Crónicas de IA desde Túnez (I): Los relojes rotos de la kasbah.


Nuestra llegada a Túnez coincide con una aparente nueva etapa en el proceso revolucionario abierto hace ya más de dos meses. El presidente Mebazaa acaba de anunciar la convocatoria de elecciones para una Asamblea Constituyente el 24 de julio, además de aceptar gran parte de las reivindicaciones del movimiento popular. El mismo movimiento que hace menos de una semana hizo caer al primer ministro Mohammed Ghannouchi, al precio de siete nuevos muertos y centenares de heridos y represaliados, demostrando una vez más que las victorias no se regalan, sino que las conquista el pueblo. El mismo que ocupando la Kasbah durante los últimos 11 días ha hecho de esta plaza un símbolo de la revolución popular en marcha. Un espacio autogestionado y asambleario que reunía a cientos de personas llegadas de las zonas más castigadas del país, muchas de ellas vinculadas a partidos de la izquierda y movimientos sociales. Centro neurálgico de las grandes movilizaciones que han recorrido la capital tunecina, que contaba con su propio centro de información, puesto médico y logístico que proveía de comida, seguridad y mantas a sus ocupantes.

Junto a Santiago Alba Rico y Lucía recorremos la Kasbah el día de su disolución por decisión de sus propios miembros. Una retirada provisional, motivada por una victoria pero vigilante ante los próximos pasos del gobierno y dispuesta a retomar la ocupación si éstos no se corresponden con las reivindicaciones del pueblo en lucha.

Aunque en pleno proceso de desmantelamiento, un paseo por la Kasbah demuestra la fuerza y la ilusión que los procesos de cambio generan en la gente, como si les devolvieran a la vida hasta entonces negada. Decenas de personas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, forman corros y discuten acaloradamente, todos hablan de política, de la revolución, de las últimas noticias, se fotografían con las pintadas que decoran los muros o con el grupo de soldados que aún permanen en la plaza, te interpelan para compartir sus exigencias, sus experiencias o simplemente para charlar. Repitiendo a cada momento la palabra karama: dignidad, una dignidad arrebatada durante tanto tiempo y que ahora, una vez recuperada, es uno de los tesoros más preciados de la revolución (zaura). Recuperarando tantos años de silencio, en una especie de revuelta contra el “tiempo”: el tiempo de Ben Ali murió y llegó al fin el del pueblo, que se condensa y cobra un ritmo propio, sin rutinas, que los relojes no pueden medir.

Resulta curiosa la iconografía revolucionaria que adorna las paredes de la Kasbah, bautizada como plaza de la revolución: el retrato del Che resurge en múltiples murales, así como numerosos eslóganes reminiscencia del 68 (“seamos realistas: pidamos lo imposible”). Consignas que se tornan en una realidad que se palpa, se huele, se escucha en la calle. Un estado de ánimo, un horizonte por el que merece la pena luchar.

Según nos comenta Santi, una de las primeras consecuencias, efímera en este caso, de la revolución fue una especie de efecto mágico sobre la conducción. Imbuidos por los efectos emocionales y el sentido de responsabilidad histórica de la revolución en marcha, por primera vez se respetaron las normas de circulación y quedó de facto anulado el 'antiguo régimen' de caótico tráfico capitalino. Una victoria que ningún policía de la dictadura había conseguido.

Del centro de la ciudad partimos a unos de los barrios más castigados de la periferia, El Mourouj, para reunirnos con un joven que ha participado activamente en el proceso revolucionario, tanto desde el campamento de la Kasbah como desde la autorganización de los consejos de defensa de la revolución en su propio barrio. Mahmid es un ejemplo de los miles de jóvenes parados que se rebelaron contra la dictadura de Ben Ali y lideraron la autogestión de sus barrios, tomando en apenas dos meses una conciencia que desborda a la de muchos revolucionarios.

En la última planta aún sin terminar de su casa, con música rap de fondo y la bandera de uno de los equipos locales de fútbol, Mahmid nos cuenta cómo las y los vecinos asumieron las tareas de autogobierno frente a elementos contrarrevolucionarios puestos en juego por el ya casi derrotado régimen de Ben Ali. Como él mismo afirma, esta revolución no sólo se ha hecho para derrocar al dictador, sino para “cambiar las cosas de verdad. No queremos una democracia como la vuestra. Si estábamos contra Ghannouchi no es sólo porque formase parte del antiguo régimen, sino también porque continuaba con las políticas de privatizaciones de Ben Ali”. Más determinante aún, no duda en defender que “esta revolución es contra el capitalismo”.

Lo más interesante de nuestra conversación con Mahdi, más allá de compartir sus propias experiencias durante este proceso, es comprobar cómo en los momentos revolucionarios, cuando las masas irrumpen en la escena pública para hacer política, los cálculos y los tiempos se rompen, el pragmatismo se ve desbordado y lo que hasta hace unos meses era imposible, ahora no sólo es posible, sino que se vuelve realidad.